Estoy en Tierra de Vinos, una enoteca que se abrió apenas en septiembre de 2002, en la Colonia Roma. Mi intención es tomarme un par de copas de vino mexicano, al cual tengo bastante respeto: me gusta por supuesto el Vino de Piedra, pero pagar 1,800 pesos por una botella no siempre me resulta posible (aunque hay otras excelentes opciones mucho más módicas, como el Chateau Camou o los vinos de Casa Madro de Coahuila).
En fin, el hecho es que el hombre de la entrada intenta restringirme el acceso porque hay un “evento privado” ¿Qué clase de evento? Una cata de vinos señor.
Anillo al dedo. Por supuesto que pago los 600 pesos para tomar las cuatro horas de curso.
La expositora de esta noche, Sandra Fernández, es master Sommelier certificada por el Culinary Institute of America de Napa Valle. De que sabe, sabe, y los aproximadamente 50 participantes en el curso lo notamos inmediatamente. Tierra de Vinos organiza estas catas casi todos los martes, aproximadamente a las ocho de la noche. Después de pagar mi cuota, tomo mi lugar en una mesa junto a dos personas: un cirujano plástico y un abogado laboral. Delante de cada uno de nosotros hay cuatro bonitas copas, una guía del curso y unos vasitos con diferentes sustancias: leche, leche light, jugo de arándano, uvas rojas y blancas y te negro.
¡Niñas, fuera el lipstick! ¡Señores, vayan al baño antes porque luego se me desconcentran! ¡Todos, apáguenme sus celulares! Esas son las primeras instrucciones de Sandra, quien se toma el asunto de los vinos con muchísima seriedad. .Pero no es una mujer ruda (es joven, guapa y amable). De hecho, sus primeras palabras son de plano reconfortantes: Todo mundo puede catar vino; se requiere solo de concentración y de capacidad de saber lo que uno siente. Hay que conocerse a sí mismo también.
Claro que Sandra de repente se enfrasca en una terminología muy brutal: que si las dendritas del bulbo olfativo no tienen relación con la parte semántica del cerebro, que si la maceración carbónica permite la decantación, que si el retrogusto es corto o largo, que si los taninos tienden a polimerizarse, y así (hay varios químicos en la sala, quienes asienten muy magisterialmente). De todos modos, se nota a leguas que los chilangos (o por lo menos estos chilangos) están ávidos de saber más de vinos: toman apuntes frenéticamente y hacen toda clase de preguntas.
TODO MUNDO
PUEDE CATAR VINO:
SOLO SE REQUIERE
DE CONCENTRACIÓN
Y DE CAPACIDAD DE
SABER LO QUE UNO
SIENTE.
Registro
para recibir por correo electrónico nuestros boletines
Noticias
Reconocimientos
Para ver el reconocimiento,
haga click a la imágen.
Para ver el reconocimiento,
haga click a la imágen.
Para ver el reconocimiento,
haga click a la imágen.