Es cierto que hay que saber qué vino escoger para cada plato o qué plato para cada vino, esto es el principio del maridaje, pero ¿que más hay que saber antes de abrir una botella?
¿Para que preguntar tantas cosas, si lo más importante es sentir? pensaríamos la mayoría.
Habría que preguntarnos primero si beber vino es un hábito o una costumbre, ¿bebemos para acompañar los alimentos o para digerirlos?, ¿bebemos por salud o por estatus?, ¿la enología es una ciencia o un arte?, ¿se bebe con conocimiento o por educación?, ¿el vino es magia o placer puro?...
El vino, así como la religión o el sexo, puede interpretarse de muchas formas. Se puede profundizar en él hasta volverlo una pasión, buscar una explicación científica a sus virtudes saludables, mistificarlo para explicar su magia o desarrollar un sentido común para encontrar uno para cada ocasión.
Mucho del saber radica en conocer muchas marcas y regiones vinícolas, practicar la etiqueta del vino incluyendo su correcta conservación o su óptima temperatura de servicio; coleccionar vinos o comprar a futuros, así como estar suscrito a las guías que los califican. Estas son formas tan útiles como saber qué regiones de Francia fueron realmente buenas en la cosecha del 2000.
Pero nada de esto me parece que tenga sentido si lo que se quiere es saber como encontrar armonía, placer o bienestar, ingredientes básicos en el maridaje del alma y de todos los sentidos.
Comencemos pues, como en el sexo o en la religión, por sentir. Ya luego vendrá por añadidura la necesidad o el placer de aprender.
Hay quienes empiezan sintiendo atracción por un vino o región, hay quienes descubren una uva y quieren probar con todas sus primas o hay quienes descubren una bodega y lo que prefieren es descubrir a todas las de la casa. Hay quienes descubren cosas diferentes en cada vino, cada día, dependiendo del menú o a veces del invitado…o hasta de la posición de los astros.
La temperatura, la posición, el ánimo, la cantidad, la compañía… ¿no se trata de estudiar tantas cosas, verdad?
Sugiero que bebamos, que bebamos en paz, sin prisa, a veces pensado y a veces sin pensar, que bebamos sin casarnos todavía (aunque a veces es bueno ser fieles), que seamos pacientes: lo mejor del vino aparece cuando este ya se acabó.
…Con el tiempo las preguntas y las respuestas son simples formalidades.
Aprendamos pues a sentir el vino.
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